Es
cierto, en ese momento los dos queríamos vernos y tocarnos. Es cierto, estaba
oscuro, era ayer y estábamos celebrando tu cumpleaños veinticuatro, esa edad
tan irrelevante. Los dos estábamos mareados y tu olor a cigarro, tus manos al rededor
de mi cintura y tu aliento a cerveza facilitaron las cosas y los labios.
Alargué
la noche esperando alguna señal. Una mirada tal vez, algún mensaje coqueto por
el celular, unas palabras insinuantes en mi oído mientras los demás cantaban y
saltaban con esa música que yo pretendía conocer. ¡Algo! que confirmara que mi
escote y esos jeans entallados no me durarían mucho puestos en cuanto
estuviéramos solos.
Platiqué
con tus amigos con una cerveza en la mano y con el balcón en la espalda. Era la primera vez que los veía y quería que
me encontraran atractiva. Me pasé las manos por el pelo, sonreí y use mi
repertorio de miraditas más dulce. Tú llegabas de vez en cuando con tu risa,
tus lentes y tus historias, esas que nunca te hacen falta.
Me
puse delineador negro en los ojos y me dejé el pelo suelto. Te iba a ver y me ibas a ver,
aunque, en ese momento ninguno de los dos quiso solo verse. Eso lo sé ahora.
Y
es cierto, en ese momento, también te quería.
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