sábado, 12 de octubre de 2013

Vernos y tocarnos

Es cierto, en ese momento los dos queríamos vernos y tocarnos. Es cierto, estaba oscuro, era ayer y estábamos celebrando tu cumpleaños veinticuatro, esa edad tan irrelevante. Los dos estábamos mareados y tu olor a cigarro, tus manos al rededor de mi cintura y tu aliento a cerveza facilitaron las cosas y los labios.

Alargué la noche esperando alguna señal. Una mirada tal vez, algún mensaje coqueto por el celular, unas palabras insinuantes en mi oído mientras los demás cantaban y saltaban con esa música que yo pretendía conocer. ¡Algo! que confirmara que mi escote y esos jeans entallados no me durarían mucho puestos en cuanto estuviéramos solos.

Platiqué con tus amigos con una cerveza en la mano y con el balcón en la espalda.  Era la primera vez que los veía y quería que me encontraran atractiva. Me pasé las manos por el pelo, sonreí y use mi repertorio de miraditas más dulce. Tú llegabas de vez en cuando con tu risa, tus lentes y tus historias, esas que nunca te hacen falta.

Me puse delineador negro en los ojos y me dejé el pelo suelto. Te iba a ver y me ibas a ver, aunque, en ese momento ninguno de los dos quiso solo verse. Eso lo sé ahora.

Y es cierto, en ese momento, también te quería.

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