Estabas hablando de más. Tus labios se movían, dibujando
sonidos con el humo de tu cigarrillo. Estabas nervioso. Habías convertido tus
bolsillos en un refugio discreto para tus manos temblorosas, que de vez en
cuando, posabas al rededor de mi cintura.
Sin embargo, tú siempre estás hablando de más y tus manos
nunca abandonan la lumbre de un cigarrillo ni las curvas de una mujer.
No sabías a dónde íbas. Caminabas junto mí, cantando
versos repetidos de cuentos aburridos. Estabas perdido. Saltando de ciudad en
ciudad, recorriendo caminos inventados en mapas sin tesoros.
Sin embargo yo, nunca te detuve. Tú siempre estás perdido
aunque sepas a dónde vas, es esa sensación a la que llamas libertad.
Estabas distraído, aburrido de tus propias aventuras
imaginarias. Mi inocencia ya no te parecía divertida y mis comentarios ya no
desafiaban tu intelecto. Estabas amargado. Cortabas el aire con el filo de tus
palabras y tu mirada era un tunel interminable donde yo, no cabía.
Estabas insoportable.
Sin embargo tú, siempre has sido insoportable: distraído,
aburrido, amargado. ¡Insoportable!
Sin embargo yo, sin darme cuenta, porque sin embargo yo,
te quiero.
No...
Sin embargo yo,
te quería.
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