Eras el suspiro de varias generaciones de mujeres y yo no pude ser la excepción.
Eras el
amor platónico de mi hermana mayor y su mejor amiga.
En una de
esas vueltas extrañas de la vida trabajé contigo.
Me hice la
fuerte y me propuse no ser una más de tus admiradoras.
Con tu
sonrisa pícara y una broma en la punta de la lengua claudiqué y me declaré
parte de tu ejército
Eras la
parte guapa del trabajo.
Lloré por
dentro el día que llegaste con tu barba podada y celebré cuando esta volvió a
crecer.
Eres una
mezcla maravillosa de masculinidad, simpatía, inteligencia y liderazgo.
Tus novias
han sido las más guapas de las guapas.
Con mis
libras de más no podía competir contra ellas.
Pero no por
eso me deje de preguntar cómo sería besarte.
De niña me
enamoraba del valiente capitán del ejército moro mientras luchaba contra los
cristianos.
Tú fuiste
la versión adulta y en carne y hueso de mi capitán del ejército moro.
Pero como
en los cuentos, el capitán tiene enamorada a la hija del jeque.
Y yo siendo
una cristiana nunca pude competir por ti.
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