miércoles, 6 de noviembre de 2013

El capitán del ejército moro.

Eras el suspiro de varias generaciones de mujeres y yo no pude ser la excepción.
Eras el amor platónico de mi hermana mayor y su mejor amiga.
En una de esas vueltas extrañas de la vida trabajé contigo.
Me hice la fuerte y me propuse no ser una más de tus admiradoras.
Con tu sonrisa pícara y una broma en la punta de la lengua claudiqué y me declaré parte de tu ejército
Eras la parte guapa del trabajo.
Lloré por dentro el día que llegaste con tu barba podada y celebré cuando esta volvió a crecer.
Eres una mezcla maravillosa de masculinidad, simpatía, inteligencia y liderazgo.
Tus novias han sido las más guapas de las guapas.
Con mis libras de más no podía competir contra ellas.
Pero no por eso me deje de preguntar cómo sería besarte.
De niña me enamoraba del valiente capitán del ejército moro mientras luchaba contra los cristianos.
Tú fuiste la versión adulta y en carne y hueso de mi capitán del ejército moro.
Pero como en los cuentos, el capitán tiene enamorada a la hija del jeque.

Y yo siendo una cristiana nunca pude competir por ti.

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