domingo, 3 de noviembre de 2013

Para mi león desconocido.

A quien corresponda:

De esas noches en las que sé que pudiera estar aprovechando mejor mi tiempo, las noches en las que sé que las solicitudes de becas y de maestrías no se llenan solas. En las que me recuerdo que no hay nada peor que desperdiciar el tiempo, mientras abro una pestaña más de Facebook y dejo la lectura de buenas columnas editoriales para más tarde. En las noches que me arrepiento de ese café a las cinco de la tarde que me provoca tanto insomnio, en esas noches en las que tengo abierto el conocimiento del mundo a través de mi computadora, pero que prefiero entretenerme con otro artículo más de BuzzFeed.  En ese tipo de noche mi mente intenta callar un solo pensamiento: dónde estás y quién eres.

Vivo luchando con mis demonios internos que me exigen agarrar mis maletas y salir del micro cosmos en que me muevo, sabiendo que afuera hay millones de cosas por leer, historias que escuchar, historias que vivir para ser yo la que después cuente la historia en el bar. Pero regresas a mi mente. Eres un pensamiento por ratos obsesivo, por otro rato pacífico. Por ratos te detesto, por ratos no quiero saber quién eres.

Mientras pienso todo eso y como otro chocolate más me sigo preguntando quién eres, más importante aún, ¡¿dónde estás?!  Nunca fui una niña a la que las historias de Disney le gustaran mucho, nunca quise vestirme como una de sus princesas, las historias que marcaron mi infancia todas tenían que ver con la Guerra Fría, espías, el Muro de Berlín, la II Guerra Mundial y un poco las de la Edad Media. Mientras mis compañeras de colegio empezaban a leer cuentos de hadas yo ya iba por mi primer libro de Gabriel García Márquez. Así que no sé cómo ni dónde el deseo de un final feliz con un príncipe azul me tiene tan marcada. Me parece ilógico que me sienta incompleta porque no estoy compartiendo la vida con alguien que aún no conozco. Pero como el humano no es lógico te sigo contando lo que pienso.

No sueño con “la boda”, las ceremonias de un matrimonio, los tés de señoras, el baile enfrente de todos los invitados, nunca me ha interesado, no soy de las que quiere casarse para sentirse como princesa por una noche y que todos admiren lo guapa y radiante que se ve en ese vestido blanco. Todo ese trámite me produce una gran pereza y hastío. Así que no, no sueño con una gran boda.  Y tampoco soy de las que quiero una luna de miel en una playa paradisíaca. Tengo alma de mochilera, así que yo quiero que nos vayamos de mochileros a Inglaterra e Irlanda (podemos negociar el destino).

Yo soy de las que se emociona por conocer a un hombre inteligente, delgado, interesante, alto y con barba con el que pueda compartir la vida. Así de simple, que al final del día poder compartir los pensamientos con un hombre que me mueva el intelecto y que por supuesto me mueva las hormonas. Uno que siempre sea fiel a sus principios e ideales, que no sea cínico ante la vida y que no piense que el mundo no se puede cambiar. Que sepa que eso será una tarea de todos los días y aunque al final de la vida todo se venga abajo sepa que puso su corazón en la búsqueda de ser coherente a sus principios.

No sé dónde estás, mucho menos sé quién eres. Sé que eres una persona inteligente e interesante, o como digo “con la cabeza bien amueblada”.  No pido mucho, pido reciprocidad en el mismo compromiso que yo te propongo: monogamia, muchas ganas de construir una vida junta, muchas conversaciones interesantes y capacidad de perdonar sin resentimientos cuando sin querer nos ofendamos. En resumen, hacernos felices el uno al otro.

Ofrezco, siempre una excelente cocina, empecé a cocinar a los seis años.  Tendrás muchas risas, según dicen soy sarcástica y con un negro y ácido sentido del humor. Tendremos mucho contacto carnal, ten muy en cuenta eso, soy bastante hormonal, me encantan los hombres y no tengo duda que tú serás el que más me mueva las hormonas. Físicamente me resultas extremadamente atractivo.  Así que no te preocupes por pocos besos y caricias. Sexo, lo habrá en abundancia. Por cierto, medio puedo bailar la danza del vientre.

Ofrezco mucha música, para cada ocasión de la vida tengo una canción. Nuestros hijos (después discutimos la cantidad) escucharan Pink Floyd y The Who desde bebes. Nunca he dedicado una canción, pero desde ya te dedico solo a ti mi canción favorita de Sabina, “Noches de boda”.  
Ofrezco muchos temas de conversación,  política, arte,  fútbol, música y literatura. No te preocupes, no soy de las que le gusta ir por horas de compras. No te llenaré el Facebook de cursilerías, disculpame, pero esas te las diré mirándote a los ojos y en privado. Soy nerda, pero una nerda muy femenina. Me gusta ser coqueta. Me gusta arreglarme. Me encanta sonreírle a los guapos, pero a vos, mi guapo favorito, te tengo reservada mi mejor sonrisa retorcida y mi mejor capacidad de mover las pestañas. Y cuando te encuentre los demás se quedaran sin mis sonrisas.

Eso sí, una vez al mes todo me parece negativo, puedo llorar por todo y tener instintos asesinos. Y en ese momento, solo en ese momento detestarte, pero con un buen café, un chocolate o con un abrazo se me pasa. Hasta el siguiente mes que se repita el ciclo. Me cuesta despertarme por las mañanas. Soy desordenada. Si me dicen algo cuando tengo sueño lo olvido. Necesito grandes cantidades de café. Soy necia, obstinada cuando quiero algo, hablo muchísimo. Soy impulsiva. Me río muy alto y soy poco discreta cuando algo me llama la atención. El café me pone eléctrica e inquieta. Un tema me puede obsesionar por años. Siempre ando de todo en la cartera, si te pido que la sostengas pesará mucho. Siempre pierdo las llaves o las dejo dentro de la casa.  No puedo leer bien sin mis lentes. Detesto que me interrumpan mientras leo o escribo. Puedo convertirme en la persona más introvertida cuando hago una de esas dos cosas. Vivo con los audífonos puestos, así que me quedaré sorda. Canto muy mal. Odio a los insectos. Mi pelo es imposible de domar, muchas veces andaré un poco despeinada (aún con el pelo planchado) y siempre me despierto mechuda. Me gusta ir muchísimo al cine.

Para terminar esta carta e intentar dormir (aún con tanto chocolate adentro) sé que eres interesante, has de tener muchos sueños y planes que en el futuro los llevaras a cabo, o ya lo estás haciendo. No te preocupes, no te detendré. Quiero vivir con un hombre que tenga la personalidad de un león y por lo tanto no lo quiero enjaular. Así que te pido que siempre seas coherente a tus principios e ideales. No tengas miedo a que te vea derrotado, te admiraré más al ver cómo te levantas.

Me muero porque nos demos nuestro primer beso. Perdóname desde ya la pregunta que te haré: “¡¿dónde estabas?!”.  Mi reclamo se disipará cuando nos volvamos a besar y mis labios empiecen a familiarizarse con tu barba y me empieces a contar alguna historia de las que has acumulado mientras no te conocía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario